El blog Filosofía se ha creado con el simple o difícil objetivo de hacernos pasar un buen rato a través de la reflexión y la libre opinión en asuntos filosóficos, los cuales, no se alejan demasiado de nuestra íntima realidad.
Derek Jarman (1942- 1994), el singular realizador cinematográfico, realizó en 1993, un personal retrato sobre Wittgenstein. De este film se han extraído las secuencias en las que se explica la idea del lenguaje que se puede obtener a partir de la lectura de las Investigaciones Filosóficas.
Wittgenstein Dirección: Derek Jarman Guión: Derek Jarman, Ken Butler,Terry Eagleton. Ficha artística: Clancy Chassay, Jill Balcon, Sally Dexter. Producción: British Film Institute (1993)
"Nadie ha vuelto de la muerte para decirme si hay una vida futura. Yo no acepto que la Iglesia me diga que si cometo pecados voy al infierno. Fuimos nosotros quienes inventamos a Dios a nuestra imagen y semejanza, y por eso Dios es tan cruel". J. Saramago
Volvió a preguntarse para quién escribía el diario. ¿Para el pasado, para el futuro, para una época imaginaria? Frente a él no veía la muerte, sino algo peor: el aniquilamiento absoluto. El Diario quedaría reducido a cenizas y a él lo vaporizarían. Sólo la Policía del Pensamiento leería lo que él hubiera escrito antes de hacer que esas líneas desaparecieran incluso de la memoria. ¿Cómo iba usted a apelar a la posteridad cuando ni una sola huella suya, ni siquiera una palabra garrapateada en un papel iba a sobrevivir físicamente?
[…] Era como un fantasma solitario diciendo una verdad que nadie oiría nunca. De todos modos, mientras Winston pronunciara esa verdad, la continuidad no se rompía. La herencia humana no se continuaba porque uno se hiciera oír sino por el hecho de permanecer cuerdo. Volvió a la mesa, mojó en tinta su pluma y escribió:
Para el futuro o para el pasado, para la época en que se pueda pensar libremente, en que los hombres sean distintos unos de otros y no vivan solitarios… para cuando la verdad exista y lo que se haya hecho no pueda ser deshecho: Desde esta época de uniformidad, de este tiempo de soledad, la Edad del Gran Hermano, la época del doblepensar…¡Muchas felicidades!
Winston comprendía que ya estaba muerto. […]
El crimental (el crimen de la mente) no implica la muerte. El crimental es la muerte misma. Al reconocerse ya a sí mismo muerto, se le hizo imprescindible vivir lo más posible. […]
Sgeun etsduios raleziaods por una Uivenrsdiad Ignlsea,no ipmotra el odren en el que las ltears etsen ecsritas,la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esetn ecsritas en la psiocion cocrreta.El retso peuden etsar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams, pquore no lemeos cada ltera en si msima snio cdaa paalbra en un contxetso.
En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.
Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:
¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?
Espera un minuto -replicó Sócrates-. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen.
Yo lo llamo el examen del triple filtro.
¿Triple filtro?
Correcto -continuó Sócrates-. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir, es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.
El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto? No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y...
Está bien -dijo Sócrates-. Entonces realmente no sabes si es cierto o no.
Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
No, por el contrario...
Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad.
¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
No, la verdad es que no.
Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?
Un nuevo día, un nuevo mes, un nuevo año. Un nuevo día, un nuevo mes, un nuevo año. Un nuevo día, un nuevo mes, un nuevo año… ¡El tiempo! Cuántas veces habré deseado que ojalá no pasara tan deprisa… o como Quevedo: Ayer se fue; mañana no ha llegado; hoy se está yendo sin parar un punto: soy un fue, y un será y un es cansado.
"Pero, ¿qué es el tiempo? ¿Quién podrá fácil y brevemente explicarlo? ¿Quién puede formar idea clara del tiempo para explicarlo después con palabras? Por otra parte, ¿qué cosa más familiar y manida en nuestras conversaciones que el tiempo? Entendemos muy bien lo que significa esta palabra cuando la empleamos nosotros y también cuando la oímos pronunciar a otros. ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente, para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo deciros que existe éste, cuya causa o razón de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser? "
[…]
"Es en el alma donde presente, pasado y futuro existen: En ti, alma mía, mido los tiempos; El alma espera, atiende y recuerda, a fin de que aquello que espera pase por aquello que atiende a aquello que recuerda”.
Confesiones, San Agustín.
Para los lineales, cíclicos y demás con cualquier otra forma de comprensión temporal o sin ella: Feliz 2010 ;)
"Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos. «¿Qué me ha ocurrido?», pensó".
Una gran obra muy recomendable y que podéis leer en internet (en "books recomendados" está el enlace). Eso sí, ¡¡no os quedéis en la superficie de la historia!!
Mirando por internet he encontrado este documental que me ha parecido muy bueno y que relaciona la obra con 3 tipos de hechos que se dan en nuestra sociedad actual: http://www.tv3.cat/videos/200419
p.d: he puesto la carta que Kafka dirije a su padre para aquellos que quieran profundizar más en el análisis interpretativo de la obra. (¿hasta que punto el personaje Gregor Samsa es el propio Kafka?). Pero, ¡ni mucho menos se agotan las diversas interpretaciones en esta única interpretación autobiográfica!
El boticario de doña Fredegunda le ha prescrito ocho píldoras, que deberá tomar a razón de una cada cuarto de hora. ¿Cuanto tiempo habrá pasado cuando se haya tomado las ocho píldoras?
Rta: 1 hora y 45 minutos.
CAMPANAS Quasimodo, el campanero de Notre-Dame de París, tarda tres segundos para tocar las cuatro. ¿En cuánto tiempo tocará las doce?
Rta: los 3 segundos que han pasado mientras Quasimodo toca las cuatro corresponden a los intervalos entre las campanas, no al hecho de golpearlas (ej. de una a dos 1 segundo, de dos a tres 1 segundo y de tres a cuatro 1 segundo = 3 segundos). Por lo tanto, para tocar las 12 del mediodía, el campanero estará 11 segundos, correspondientes a los 11 intervalos entre las doce campanas.
EL MONJE Y LA MONTAÑA Un monje ha hablado durante la cena. Como penitencia, deberá subir una montaña. Parte del monasterio a las 9 de la mañana y llega a la cima a las 12. Descansa durante una noche bajo las estrellas y al día siuiente empieza el camino de vuelta a las 9. Va por la misma ruta que el día anterior. Llega al monasterio a las 11.
¿Hay algún lugar en el camino por el cual haya pasado a la misma hora los dos días?
¿Puedes probar la existencia o la inexistencia de tal lugar?
Rta: Sí, ese lugar existe. Para probarlo, hagamos partir dos monjes a las 9 de la mañana, uno de la cima de la montaña y el otro del monasterio. Van por el mismo camino, ¡se van a cruzar por fuerza!
Por qué será que siempre que me ronda por la cabeza escribir sobre algo, durante esos días, escucho en algún medio de comunicación o en otra parte como se habla sobre ese tema en concreto. Se podría pensar que no es casualidad sino simplemente que mi “antena capta-información” (la que todo el mundo tiene) la ubico de tal forma inconsciente que sintoniza los canales temáticos relacionados con mis intereses. ¡A quién no le ha pasado! Pero, ¡¿Y si os digo que iba a hablar de escepticismo y de repente escucho en la radio del coche entrevistar al ex presidente de una tal asociación denominada “círculo escéptico” y que se dedican a promover el escepticismo entre los ciudadanos?! Un tema poco habitual ¿no? Puede parecer algo sin importancia, pero yo me he quedado como el cromo del toy que decía “toy flipao”. Este tipo de cosas podrían demostrar que tenemos habilidades mentales sin explotar, como por ejemplo, una antena potentísima que es capaz de filtrar la información que nos interesa de la que no, aun sin estar conscientemente buscándola por muy extraña que sea dicha información. Por otra parte, también podría demostrar que nos llega una cantidad brutal de información a lo largo del día de lo más variopinta y que nuestro sistema mental escoge la necesaria. “La justa pa vivir y andar” como diría mi primo. Incluso con esta antena ¡podríamos sintonizar hasta un partido del Barça! ¡Jeje! En fin, fuera bromas, creo que contamos con habilidades mentales que nos son desconocidas y que podríamos explotar si supiéramos de ellas, pero por ignorancia no lo hacemos. Seguro que hay cursos que ayudan a desarrollar habilidades mentales, pero bueno, eso es otro tema. A todo esto, de lo que quería hablar en esta nueva entrada era del escepticismo, así que ¡ahí vamos!
Hoy en día la palabra “escéptico” y “escepticismo” se utiliza de forma general, por ejemplo, cuando alguien dice que es escéptico respecto a alguna opinión, duda de que dicha opinión merezca su apoyo por no estar seguro de que sea verdadera o creíble. Pero en la antigüedad ser escéptico era ser partidario de una doctrina muy concreta relacionada con el conocimiento humano, con el saber, aunque también con el modo de vivir.
Sexto Empírico fue el único antiguo que deja en su obra muchos argumentos a favor de la tesis de que todo lo que creemos saber es incierto. Uno de los argumentos sería el de la falacia de las percepciones sensoriales que muestra que entre los seres humanos hay grandes diferencias a la hora de percibir las cosas y, además, influyen diversos factores (la situación del acto de percepción, circunstancias objetivas, la edad, etc.). Para hacernos una idea, yo puedo ver un solo color blanco, en cambio un esquimal puede diferenciar distintas tonalidades de blanco o, por ejemplo, una persona percibe una superficie como blanca mientras que un enfermo de ictericia la ve amarilla. Los escépticos sostienen que con nuestros sentidos no podemos llegar a las cosas en sí de los fenómenos (la esencia verdadera de la cosa), por tanto, no podemos llegar a decir que conocemos las cosas realmente; solamente conocemos los fenómenos que estimulan los sentidos. Un escéptico no prescinde de los fenómenos, sino que los registra tal como son: la miel se nos manifiesta como algo dulce, pero la afirmación de que es dulce en sí no es creíble.
No podemos emitir juicios sobre algo con pretensiones de verdad absoluta; es decir, no podemos decir que los fenómenos son de un modo determinado y que ésa sea la única forma verdadera en que pueden ser, ya que existe diversidad de juicios entorno a unas mismas cuestiones (algunos creen en Dios otros no, prácticas sexuales bien vistas en una cultura no lo son en otras, ideologías, etc.). ¿Cuál es la verdadera? ¿No sé puede saber a ciencia cierta? Y no vale decir que el consenso general determina la veracidad de un juicio, porque nadie conoce las opiniones de toda la gente respecto a un asunto e, incluso suponiendo que coincidieran plenamente, no serían en absoluto una prueba fidedigna de que éste es verdadero.
Para convencernos de la veracidad de una opinión o de una fe, necesitamos un criterio de verdad que nos permita distinguir lo verdadero de lo falso. Pero, ¿cómo podemos saber que este criterio es realmente digno de confianza? Para valorarlo, deberíamos recurrir a otro criterio, y éste requerirá otro más, y así hasta el infinito. De modo que no existe un criterio de la verdad y, por tanto, como me refería anteriormente no hay una tradición, una ideología, una moral, unas reglas sociales, etc. que sean las mejores.
¿Significa esto que un escéptico está obligado a decir que la verdad no existe y el conocimiento es imposible? Pues no señor, porque caería en una contradicción. Me explico. La afirmación de que ningún conocimiento es posible sería dogmática, algo de lo que el escéptico rehúye ya que él no afirma nada al 100 por 100. Y además, decir que el conocimiento es imposible equivale a decir que poseemos el conocimiento de la imposibilidad de poseer el conocimiento (¡eh aquí la contradicción interna!). La escuela cirenaica sostiene que las cosas de este mundo contienen una materia oculta vedada al conocimiento. Un escéptico nunca pronuncia dogmas de este estilo; sencillamente se abstiene de opinar. LA SUSPENSIÓN DEL JUICIO ES EL ACTO INTELECTUAL PRIMORDIAL DE UN ESPCÉPTICO. El escepticismo no es una teoría sino un método para deshacerse de todas las teorías.
¿Es posible vivir bien en un estado de suspensión permanente tras aplicarnos una terapia de éstas? No sólo es posible sino que es el mejor modo de vivir según el escéptico. A diferencia de otros filósofos, el escéptico no dice que el objetivo de la vida sea el placer. No, su objetivo es la paz espiritual que se alcanza mediante un tratamiento a base de escepticismo, deshaciéndose de paso de las preocupaciones inútiles. Pero, si no hay verdad sobre nada ¿en qué se basa un escéptico para vivir en cuanto a moral, normas, tradiciones, etc.? El escéptico obedece las leyes, las costumbres y las tradiciones del país o de la ciudad en que le ha tocado vivir. También se deja llevar por los sentimientos naturales. No va por ahí planteándose cosas sobre si esto existe o no, primero porque no es necesario para llevar una vida normal y, segundo porque no se puede saber nada en torno al tema existencial de los fenómenos. En este sentido, vemos que el escéptico lo que quiere es curar el espíritu de las preocupaciones innecesarias e insolubles.
Preguntas que nos sugiere el escepticismo:
Sexto afirma que el hombre es un animal que ama la verdad por naturaleza. ¿Es posible –como pretende Sexto- ser amante de la verdad y al mismo tiempo indiferente a ella? ¿Sería esta imperturbable paz espiritual del escéptico la forma más perfecta de la vida en el caso que pudiera lograrse? ¿Si no sabemos nada de qué sirve crear doctrinas sin fundamentos? Otro problema: un escéptico no puede decir que no sabemos nada (por la contradicción interna) aunque en realidad se lo sugiere a su interlocutor. Pero si filósofos y científicos se hubieran impregnado de este espíritu ¿habrían sido capaces de crear nuestra civilización?
Y por último, ¿se contradice el escéptico al propagar el escepticismo? Si quiere ser consecuente con su doctrina, ¿acaso no haría mejor callando?
P.d: por cierto la coincidencia, o no, de la que hablaba al principio cuando escuché la entrevista en la radio sobre el escepticismo, ésta venía a cuento porque justo era el día mundial del escéptico 20 de diciembre (algo que no sabía ni que existía). ¿Que miedo no?...
¿Quién no se ha quedado fascinado o casi encantado viendo espectáculos propios de la naturaleza? A mí me ha pasado contemplando, por ejemplo, un atardecer en un paisaje costero, la cúpula de estrellas en medio de un monte, la vista vertiginosa desde lo alto de una montaña... Pero esa sensación experimentada a través de la contemplación ante este tipo de espectáculos (llamémosle contemplación ante lo bello) no se agotan ni mucho menos en éstos, sino que somos capaces de experimentarlos de nuevo o de forma similar en muchos otros casos, por ejemplo, en cualquier ciudad ante situaciones cotidianas, escuchando música y como no, ante cualquier obra de arte. Lo curioso del caso y como ya reflexionaba Kant, es que esta experiencia de lo bello no es estrictamente personal e incomprensible para los demás, es decir, no me siento frustrado sabiendo que nadie podrá comprenderme cuando les hablo de este tipo de sensaciones, sino todo lo contrario. Podemos llegar a hablar de lo bello con cualquiera, y en muchos casos nos pondremos de acuerdo en que un espectáculo sea del tipo que sea (natural o artístico) desprende belleza, nos fascina, nos embelesa… es bello. ¿Por qué no siempre estamos de acuerdo en que algo es bello? Pero en cambio, ¿Por qué sí que hay unanimidad en muchas otras sobre la belleza de algo? ¿Depende de la cultura y una serie de cánones de belleza preestablecidos o es por un tipo de intuición que todo el mundo comparte? ¿Se pueden objetivar dichos sentimientos intersubjetivos (compartidos) sobre lo bello en una serie de reglas y evaluar de este modo algo como bello? ¿Por qué lo bello no solamente lo encontramos en cosas que nos proporcionan alegría sino también en cosas que nos proporcionan sentimientos de nostalgia, tristeza, etc.? (Por ejemplo al ver una película dramática pero bella a la vez).
En fin, habría mucho de qué hablar en relación a este tema y quizá sea algo de lo que se pueda tratar en próximas entradas, pero sí que me gustaría empezar por informar de que existe una rama de la filosofía que trata cuestiones de este tipo y que se llama ESTÉTICA. Esta especialidad tiene la intención principal de analizar cuestiones relacionadas con la belleza y los vínculos que se puedan dar entre los objetos artísticos, la naturaleza y el ser humano.
Hoy en día el abanico del arte es muy amplio y sigue discutiéndose entre los entendidos qué es o deja de ser una obra artística. A continuación os adjunto un vídeo sobre un tipo de arte que últimamente tiene bastante popularidad mediática y que se denomina “arte con arena”. Por cierto, ¿contribuye la popularidad para bautizar algo como obra de arte? Al igual que las anteriores preguntas, esta sería una pregunta más de las muchas que es capaz de plantearse la estética pero, lejos de profundizar ahora mismo en este tipo de cuestiones os invito a que veáis el siguiente vídeo y reflexionéis sobre su categoría artística y el sentimiento que os provoca. ¿Es bello? ¿Es arte?
El objetivo de cualquier corporación es maximizar los beneficios y la cuota de mercado, y para este objetivo la estrategia es convertir a la población en consumidores extremadamente mecánicos de productos que no necesitan. Como todo el mundo sabe, actualmente existen grandes industrias de publicidad y marketing que se sirven de ciencias como la psicología o la sociología para hacer más fácilmente alcanzable dicho objetivo.
Te recomiendo estos 8 minutos de “Filosofía de la inutilidad” y podrás hacerte cuestiones como las siguientes: ¿Crees que las corporaciones comerciales están transgrediendo de alguna forma la parcela en la que educamos a los más pequeños? ¿Nos sobrepasan a nosotros mismos con sofisticados mecanismos de control? ¿Es ética la forma de sobrepasar estas parcelas? ¿Somos conscientes de ello? Y si somos conscientes en gran parte de dicha manipulación de las mentes, pero aún así nos da igual ¡¿No son realmente eficientes los mecanismos de control por parte de estas corporaciones?!
A propósito ¿No se nos hace más cuesta arriba la crisis económica por no poder satisfacer necesidades (no necesarias) creadas previamente por las grandes industrias?
Si has leído este libro puedes participar como quieras: dando tu opinión sobre la historia, citando algún párrafo que te haya parecido curioso, genial, realista o todo lo contrario simple, irreal, etc. Y si todavía no lo has leído, te animo a que lo hagas... Puede o no gustarte, pero segurísimo que no te dejará indiferente y, después ya sabes, no te tragues tus pensamientos, escúpelos aquí¡¡¡
En cuanto al "el viaje íntimo de la locura"... para los que todavía no lo han leído, prefiero no desvelar nada con ningun pequeño resumen, es mejor leerlo sin saber de qué va (recomendación del autro). Pero bueno, podría empezar por la dedicación del libro:
"A ella. A sus ojos de color indefinible. A su mirada estrábica"
En un país cuyo nombre no será mencionado se produce algo nunca visto desde el principio del mundo: la muerte decide suspender su trabajo letal, la gente deja de morir. La euforia colectiva se desata, pero muy pronto dará paso a la desesperación y al caos. Sobran los motivos. Si es cierto que las personas ya no mueren, eso no significa que el tiempo haya parado. El destino de los humanos será una vejez eterna. Se buscarán maneras de forzar a la muerte a matar aunque no lo quiera, se corromperán las conciencias en los «acuerdos de caballeros» explícitos o tácitos entre el poder político, las mafias y las familias, los ancianos serán detestados por haberse convertido en estorbos irremovibles. Hasta el día en que la muerte decide volver... Arrancando una vez más de una proposición contraria a la evidencia de los hechos corrientes, José Saramago desarrolla una narrativa de gran fecundidad literaria, social y filosófica que sitúa en el centro la perplejidad del hombre ante la impostergable finitud de la existencia. Parábola de la corta distancia que separa lo efímero y lo eterno, Las intermitencias de la muerte bien podría terminar tal como empieza: «Al día siguiente no murió nadie».
Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una «ceguera blanca» que se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. Ensayo sobre la ceguera es la ficción de un autor que nos alerta sobre «la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron». José Saramago traza en este libro una imagen aterradora y conmovedora de los tiempos que estamos viviendo. En un mundo así, ¿cabrá alguna esperanza? El lector conocerá una experiencia imaginativa única. En un punto donde se cruzan literatura y sabiduría, José Saramago nos obliga a parar, cerrar los ojos y ver. Recuperar la lucidez y rescatar el afecto son dos propuestas fundamentales de una novela que es, también, una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad.
Actualmente la física tiene presente dos teorías para explicar las leyes del Universo una es la teoría de la relatividad general de Einstein y otra es la teoría de la mecánica cuántica. Mientras la mecánica cuántica es una física muy efectiva para los “objetos pequeños” como los átomos, la teoría de Einstein lo es para estrellas y galaxias pero, átomos, estrellas y galaxias forman parte de un mismo Universo. ¿Por qué utilizar métodos diferentes? Con la teoría de cuerdas se cree haber encontrado un medio para unificar tales teorías (objetos mayores y minúsculos). ¿Es posible la unificación del Universo mediante la teoría de cuerdas? O dicho de otro modo: ¿Es esta la teoría capaz de describir todos los fenómenos de la naturaleza? Otras preguntas que nos salen al encuentro: ¿La teoría de cuerdas es ciencia o un pensamiento filosófico? Si es un pensamiento filosófico y acaba siendo demostrable científicamente ¿No resulta inquietante hasta qué punto convergen filosofía y ciencia? Pero, ¿en qué consiste exactamente la teoría de cuerdas? Bueno, si estás aburrido y no sabes qué puedes ver en la tele, te recomiendo este documental de aproximadamente 50 minutos en el que te podrás plantear cuestiones de este estilo...
Puede parecer fácil decir que lo que realmente define a las personas es su cuerpo físico, pero lo cierto es que los filósofos se han entretenido ideando diversas situaciones inverosímiles destinadas a hacer que se tambalee esa certidumbre. ¿Qué sucedería si el cerebro de alguien, por ejemplo del Sr. Gabriel, se colocara en el cuerpo del Sr. Parkman? ¿Si esa transferencia incluyera su personalidad, sus recuerdos y cosas así, no resultaría razonable pensar que el Sr. Parkman dejaría de ser él y sería ahora el Sr. Gabriel? ¿Y si se tratara del cuerpo de un canguro o una mariposa?
Si la ciencia lograra probar que un cuarto de cerebro funciona de forma idéntica a un cerebro entero y se lleva a cabo el trasplante de tres cuartos de cerebro del Sr. Gabriel a otras tres personas diferentes ¡¿entonces tendríamos 3 gabrieles?!
"Querer es esencialmente sufrir, como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor… Cuanto más elevado es el ser, más sufre… La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia. Con la certidumbre de resultar vencido… La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir… Y así sucesivamente por los siglos de los siglos, hasta que nuestro planeta se haga trizas."
Todavía recuerdo cuando leí por primera vez el libro de Artur Schopenhauer el mundo como voluntad y representación (1819). La verdad es que me impresionó aquel libro. Por una parte me pareció realmente espectacular lo que decía sobre la voluntad, el fundamento último de todo lo que existe y la fuerza que lo mueve todo sin que responda a fines pre deterministas ya que es una fuerza ciega, inconsciente, inagotable, implacable y es una voluntad cósmica (común a humanos, animales, planetas, estrellas, etc.). Por otra parte, me intrigó su translúcido pesimismo con el que a veces no sabía si reír o llorar (alguna carcajada recuerdo soltar!).
Es realmente curiosa la forma tan pesimista de ver y explicar el mundo que tiene Schopenhauer, pero no por eso irrealista. Si algo tiene un pesimista es su razón en muchas cosa, pero claro está, no en todas.
Para que os hagáis una idea rápida aquí están algunos de los temas que toca Schopenhauer: lo efímero de la existencia (el vivir es morir), la vida considerada como un préstamo que nos hace la muerte, la vida es un continuo desengaño y dolor, el mal es esencial a la vida, el mundo visto como infierno, el pecado original, la felicidad es una quimera, el mundo es hostil, no existe el amor sino el interés de la especie… Os podéis hacer una idea ¿no? Pues bien, podré decir que es un filósofo que si se lee puede hacerle sentir a uno incómodo, casi sin querer que nos despierte del dulce sueño de la existencia romántica vendida por otros y creída por nosotros. A continuación expongo algunas líneas basadas en el trabajo de Armando López Muñoz y expuesto en la web cibernous. Los que veremos, pretende continuar el tema de la felicidad pero visto desde otro punto de vista muy distinto; y, enlazado con la felicidad, veremos el tema del aburrimiento y el por qué de las relaciones sociales.
Al principio de nuestra vida aspiramos a la felicidad, pero al final de ella, nos damos cuenta que la felicidad es una quimera. Algunos con suerte entienden que la vida no trae felicidad o por lo menos no duradera. Quien busque la felicidad será desdichado. Schopenhauer considera que más que buscar el placer o la felicidad nos deberíamos centrar en la ausencia de dolor, la felicidad de una vida se medirá según la ausencia de dolor.
La persona identifica el bienestar con lograr lo deseado. Pero este bienestar no es duradero porque una vez hayamos conseguido lo que nos proponíamos buscaremos otra cosa, y así sin cesar; como luchando sin fin contra el mundo que se nos resiste y todo lo deja fuera de nuestro alcance.
La vida del hombre, explica Schopenhauer, es un perpetuo combate, un eterno conflicto no sólo contra los males abstractos, la miseria o el hastío, sino también contra los mismos hombres. La lucha de la existencia la peleamos diariamente, comandados por la carencia, en un número infinito de pequeñas batallas contra todo lo que deseamos. "La vida es una guerra sin tregua, y se muere con las armas en la mano."
La base de todo querer, es la falta de algo, la privación, el sufrimiento. Cuando la voluntad ha realizado todos sus deseos, el individuo siente un vacío insoportable: el tedio (aburrimiento). Una vez que hemos asegurado nuestra existencia, ésta se nos vuelve una pesada carga, siendo así, nuestra siguiente preocupación, matar el tiempo."Lo que ocupa a todos los vivos y los mantiene sin aliento es la necesidad de asegurar la existencia. Una vez hecho esto, ya no se sabe qué hacer." Todos los seres vivos nos ocupamos de vivir, pero una vez que hemos asegurado la existencia, viéndonos libres de la miseria material y moral, necesitamos eludir el hastío, el tedio, el aburrimiento; hacernos la vida pasar inadvertida, matar el tiempo, es decir, matar el aburrimiento. Después de superar la carga de la subsistencia, nosotros mismos nos volvemos una carga, y cada momento que nos pasa rápido, se ve con alegría, es decir, disfrutamos que la vida, que con tanto empeño y cuidados conservamos, nos pase desapercibida."El aburrimiento nos da la noción del tiempo y la distracción nos la quita. Esto prueba que nuestra existencia es tanto más feliz cuanto menos la sentimos, de donde se deduce que mejor valdría verse libre de ella".
"La vida del hombre oscila como un péndulo entre el dolor y el hastío." Si todos nuestros deseos, querencias o necesidades, se satisficieran fácil y definitivamente, la vida sería insoportablemente tediosa, siendo el paso del tiempo peor tormento del que ya es”."(…) y entonces se vería a los hombres morir de aburrimiento o ahorcarse; a otros reñir, degollarse, asesinarse y causarse mayores sufrimientos de los que ahora la naturaleza les impone." El hastío o aburrimiento es lo que hace que los hombres se busquen entre sí: es la fuente del instinto social. Mientras que la causa del aburrimiento es el vacío interior de los hombres.
"Este vacío interior es lo que principalmente les induce a la persecución de toda especie de reuniones, de diversiones, de placeres y de lujo; persecución que a tantas personas conduce a la disipación y, finalmente, a la miseria." Del mismo modo que la necesidad, el hambre, es el azote del pueblo, el tedio, el hastío, cae implacable sobre las personas que gozan de una situación holgada. Este hecho, señala Schopenhauer, se pone de manifiesto cotidianamente, al representar el domingo el aguijón del aburrimiento, y los otros días de la semana el látigo de la miseria."En efecto, exteriormente la necesidad y la privación engendran dolor, en cambio, el bienestar y la abundancia hacen brotar el tedio. Por eso vemos a la clase baja del pueblo en lucha incesante contra la necesidad, y, por consiguiente, contra el dolor; y a la clase rica y elevada, empeñada en una lucha permanente y a veces desesperada contra el tedio."
Y por último, un tema que trataré en otra entrada y que no deja de ser impactante es el ataque al amor romántico. Según la filosofía de Arthur Schopenhauer, la carrera hacia el amor romántico es un autoengaño. Para Schopenhauer lo que nos podemos esperar tras el matrimonio es simplemente: "¡Dispendio, preocupación por los hijos, cabezonería, caprichos, vejez o fealdad al cabo de algunos años, engaños, cornamenta, antojos, ataques de histeria, amantes y el infierno y el diablo!" En realidad, dice Schopenhauer, no hay felicidad más que en el celibato… o en la poligamia.
Esa teoría schopenhauriana, pasada por Freud y por la sociobiologia ha llegado hasta nuestros días y, prescindiendo de la formulación algo extremosa del filósofo, parece confirmado hoy por hoy que la atracción sexual tiene alguna relación (por lo menos estadística) con la complementariedad genética. Pese a su obvia misoginia, Schopenhauer era un realista. Lo irreal, tal vez, es la ilusión romántica del amor eterno. Pero ¿vale la pena renunciar a ello? ¿Sería de verdad más rica y más soportable la vida sin amor romántico, por muy falso que resulte a la larga?
Un perqueño vídeo para entender un poco más su vida y su filosofía.
En los tiempos que corren la felicidad no goza de mucha popularidad como objeto de reflexiones serias. A menudo tenemos la sensación de que éste es un tema propio de otros pero no mío, y que hay algo ridículo e ingenuo en la pregunta: ¿en qué consiste la felicidad y cómo conseguirla? Tal vez en vista de tantas catástrofes, amenazas y sufrimientos y dada la atmósfera de inseguridad respecto al futuro de nuestra especie, nos convence más el talante de Pascal, que decía que todo el mundo desea la felicidad pero nadie la ha encontrado nunca. La miseria de la existencia humana, la inseguridad, una muerte inevitable, ¿cómo se puede hablar de felicidad? Sólo una verdadera fe puede asegurarla, pero son pocos los que creen de verdad y pueden ser considerados elegidos de Dios.
Aristóteles (384-322 a.C.) utiliza el vocablo felicidad para describir una condición duradera, o relativamente duradera del individuo. La felicidad es un fin en sí mismo, el fin supremo y más deseable. Otros bienes, como los placeres o los honores, y también las aptitudes morales pueden ser finalidades en sí mismas, pero además son medios que nos ayudan a alcanzar la felicidad, mientras que la felicidad no es un medio para alcanzar nada. Una vez que se alcanza no se necesita nada más, por eso es un fin en sí mismo.
Para reconocer las aptitudes morales o las virtudes que debemos ejercitar a fin de reconocer la felicidad, Aristóteles nos recomienda esta regla básica y general: en nuestras acciones debemos mantenernos en el punto justo y evitar los vicios que resultan de un defecto o de un exceso. Necesitamos tener valentía, y la valentía es una virtud equidistante o termino medio respecto a dos extremos: la cobardía (defecto) y la temeridad (exceso). Y no se trata de deshacerse de toda emoción o pasión provocadas por sucesos o incidentes hijos del azar, sino de controlar las pasiones con una regla primordial: busca el término medio, busca en la vida el comedimiento.
Aristóteles considera que estas dos reglas vinculadas tienen unas bases muy sólidas: la felicidad es el bien supremo y una finalidad en sí misma, y consiste en ejercitar las aptitudes morales o las virtudes que adquirimos buscando el término medio entre dos extremos.
Está claro que esta doctrina en nuestros tiempos suscita preguntas y dudas: Podemos sentirnos profundamente infelices por motivos diversos tanto buenos como malos: algunos por no gozar de fama, otros, porque circunstancias adversas o la propia debilidad le impiden conseguir lo que pretendían, y otros más, porque padecen tanto del sufrimiento ajeno que no pueden dejar de pensar en él, o porque perciben el mundo como un lugar lleno de maldad o por el tormento del recuerdo de infortunios pasados. ¿Sintiendo esto se puede llegar a un término medio y dejar de sentirlo?
Otra pregunta: ¿de veras son siempre infelices lo que caen en extremismos? Por ejemplo, aquel que expone su vida al peligro sin motivo aparente, sólo porque le gusta practicar deportes de riesgo, ¿merece ser censurado si esto le ayuda a llenar su vida?
Todos hemos transgredido alguna vez la regla aristotélica del término medio, y a veces lo hemos hecho por puro placer. Y aunque alguien nos reproche que dicho placer sea malo, ¿realmente es preciso describirlo en términos de felicidad o infelicidad?
Aunque tiene muchos reproches el concepto de felicidad y su regla del término medio ¿no creeis que esta regla resulta muchas veces útil en algunas de nuestras acciones?
(basado en leszek Kolakowski y su libro Las preguntas de los grandes filósofos)